No todo psicólogo es psicoterapeuta y no todo psicoterapeuta es psicólogo. PARTE II

(Hay una primera parte de este artículo llamada “No todo psicólogo es psicoterapeuta y no todo psicoterapeuta es psicólogo. PARTE I“, si no la has leído aun, te puede resultar mejor revisarla antes de esta segunda)

La idea del origen sexual de los síntomas histéricos tampoco es una invención de Freud. Ya en el siglo II Galeno había supuesto que la causa de la histeria estaba asociada con la privación sexual de la mujer (el nombre de la enfermedad viene de Hystera que significa útero en griego), prescribiéndose el coito a las mujeres casadas y casarse a las mujeres solteras. Por último, la idea de un inconsciente ya había sido propuesta por otros, principalmente filósofos, antes que él. La genialidad indiscutible de Freud estuvo en juntar todas estas ideas (un origen sexual del conflicto, un basamento teórico explicativo en un inconsciente y un método de tratamiento a través de la palabra) en un todo coherente que permitió acceder a una explicación de la histeria en el plano simbólico y a desarrollar una terapéutica libre de medios físicos, pero avalados por el método medico. Lo importante aquí es darnos cuenta que Freud estaba en este punto abandonando la farmacoterapia y la intervención quirúrgica como único medio de tratamiento médico al tiempo que creaba un espacio discursivo para la psicoterapia, es decir para el tratamiento psicológico a través de lo psicológico. Como vemos, la psicoterapia está naciendo entonces no como un hijo de la psicología, que estaba ocupada en desarrollarse como una ciencia, sino como un hijo, no reconocido, de la medicina cuyo objetivo es conseguir la cura a las enfermedades (con métodos avalados científicamente).

Con lo dicho anteriormente no quiero sugerir que la psicoterapia nació con Freud, nada más lejos de la verdad, pero sí decimos que con él entró dentro de las posibilidades discursivas de la ciencia. Recordemos que desde tiempos inmemoriales ya existían tratamientos para las afecciones del alma, es decir, psicoterapias (aunque no fueran llamadas de este modo). Los griegos tenían el teatro por ejemplo y las religiones todas sin dejar por fuera el trabajo de los chamanes en las tribus primitivas estaban avocados ya a esta labor “psicoterapéutica”, pero solo con Freud es que ésta tuvo acceso al mundo de lo “científico”. Hasta entonces, los rituales de curación espiritual eran solo objeto de estudio de los antropólogos, todos estos fenómenos estaban del otro lado de la frontera de lo “pensable”. Freud proporcionó entonces un lenguaje y un discurso desde el cual “pensar” estos fenómenos psicológicos y hacerlos objeto de ciencia, de la razón, permitiendo a la ciencia médica acceder a ellos. Pero esto en realidad solo parcialmente. Al liberar Freud la histeria del cuerpo y crear el Psicoanálisis que fue el nombre con el que tempranamente bautizó a su sistema de pensamiento, dio también con una ruptura que terminó por separarlo del resto de la medicina, que siguió su camino bien ligada al cuerpo. En este camino, el médico, siguió también la psiquiatría, como especialidad médica y por eso se sigue enseñando en el pre grado de medicina y los hospitales generales tienen siempre un ala de psiquiatría, reconocida como una especialidad médica, no siendo este el caso ni del psicoanálisis ni de la piscoterapia en general (apenas hace unos pocos años es que se empezó a tener la idea de que era importante la entrevista médica no solo como un medio de obtener información sobre el paciente sino como una forma de propiciar la curación). El tratamiento psiquiátrico no se llama entonces psicoterapia, ni psicoanálisis, sino farmacoterapia, como decía arriba, porque consiste en una intervención a través de medicinas que modifican la química cerebral (más sobre las diferencias y semejanzas entre un psicoterapeuta y un psiquiatrá en el articulo “¿Un psiquiatra y un psicólogo clínico son lo mismo?“).

El psicoanálisis pasó entonces a desarrollarse como una ciencia independiente que, aun cuando todavía guarda vestigios de su pasado médico, es ejercida y enseñada fuera de las instituciones médicas como las clínicas, los hospitales y las escuelas de medicina por profesionales que, muchos de ellos, no son médicos, sino precisamente psicólogos interesados en la terapéutica o tratamiento de las afecciones mentales por medios psicológicos.

Los psicólogos tienen entonces una doble herencia, la primera es la de los investigadores de laboratorio, de la que nace en el tronco principal la psicología experimental, pero también otros brotes “aplicados” que han dado lugar a multiples especialidades como la psicología industrial, económica, etc y otras que aun cuando están orientadas a la “modificación de conductas” como la psicología conductista, cognitiva, la psicología escolar, educativa, etc. solo se podrían llamar psicoterapéuticas exigiendo en demasía al término.

Por otra parte, los psicólogos son herederos de esta rama de la medicina que se terminó separando del tronco principal, el psicoanálisis, y todos los sistemas que se desarrollaron a partir de éste como es el caso de la psicología de los complejos de C. G. Jung o la psicología individual de Alfred Alder y que se engloban todas bajo el nombre más genérico de “psicología profunda”, o aquellos otros que se desarrollaron de forma independiente del psicoanálisis pero definitivamente en el espacio discursivo y con él la posibilidad que abrió éste, como es el caso de la psicología gestalt o la sistémica por ejemplo. La psicología amplió su rango dentro del panorama del conocimiento para recoger también estos discursos que ya no parecían pertenecer a la medicina, pero estaban ya muy lejos de ser filosofía. Ahora, es de imaginarse que si lo que llamamos psicología cubre terrenos tan bastos de conocimiento que van como decíamos de los experimentos de ratas de laboratorio, a procesos de de desarrollo organizacional o teorías del aprendizaje y tan largo etcétera es muy fácil darse cuenta que la posibilidad de que un miembro de la clase “psicólogo” pertenezca a su vez a la clase “psicoterapeuta” es en realidad baja.

Todos los programas de licenciatura en psicología incluyen materias sobre psicoterapia, porque el psicólogo debe estar más o menos enterado de qué va eso, pero para hacerse psicoterapeuta requiere un entrenamiento adicional, por lo general en la forma de estudios de postgrado. Este particular es idéntico al caso de la psiquiatría. Los programas de medicina incluyen materias de psiquiatría, lo que no significa que todo médico es psiquiatra, teniendo que realizar estudios de postgrado específicos en psiquiatría para poder adjudicarse ese título.

Las diferentes escuelas psicoterapéuticas herederas (y separadas) de la rama médica tienen programas de estudios específicos en psicoterapia en la que solo pueden enrolarse personas que previamente hayan completado sus estudios en medicina o en psicología, para asegurar que cuentan con una base suficientemente sólida desde la cual aprender la terapéutica psicológica.

Ahora, ya está claro que no todo psicólogo es psicoterapeuta, pero ¿todo psicoterapeuta es entonces psicólogo o psiquiatra?, pues tampoco. Como decíamos anteriormente el tratamiento para las afecciones del espíritu (lo que luego se ha llamado psicoterapia) tiene una historia muchísimo más larga que todas las otras terapéuticas, casi que el tiempo de la humanidad. La cosa es que en sus orígenes, estos tratamientos suponían en su mayoría una gestión de algún tipo con una entidad superior al ser humano o extraterrena. De esa rama de los desarrollos históricos son herederos los psicoterapeutas religiosos, renacedores, espiritistas, brujos, los que trabajan con ángeles, que leen las cartas, los caracoles o el tabaco, y un larguísimo etcétera que es imposible abarcar en este espacio. La variedad de estos psicoterapeutas es mucho más amplia porque la historia de estos es muchísimo más extensa también. Decir psicoterapeuta termina por decir algo muchísimo más amplio que decir psicólogo.

Ahora, la psicoterapia, en su rama “científica”, está regulada dentro de la llamadas “ciencias de la salud” que aun cuando aceptan en su seno a especialistas no psicólogos ni médicos con un entrenamiento especial en psicoterapia, desconocen como psicoterapias a las pertenecientes al grupo referido en el párrafo anterior. En un estudio realizado durante mis años de postgrado en Psicología Clínica, mi compañero de tesis y yo pudimos constatar que los brujos y espiritistas encontraban casos en los que prescribían a sus consultantes acudir a un psicólogo clínico o psiquiatra, pero a la inversa, los psicólogos clínicos y psiquiatras nunca encuentran casos que consideren deban ser tratados por un espiritista o un brujo.

En resumen, vemos que la psicoterapia tiene una rama primitiva que sin embargo subsiste probablemente por su necesidad (son muchas las personas que al día de hoy se leen las cartas o consultan a un brujo con regularidad, etc)  y otra de nacimiento reciente creada en el seno de la medicina (y eso explica que su práctica sea regulada por los Ministerios de Sanidad de los gobiernos como el resto de las especialidades médicas) pero que se separó de ella. Los psicoterapeutas de este segundo tipo son acreditados como tales por las asociaciones instauradas para tal fin a nivel mundial y regional. A nivel mundial existe el World Council for Psychotherapy que establece estándares mundiales de conocimientos, entrenamiento y experiencia que debe tener un psicoterapeuta para poder certificarse como tal. A nivel latinoamericano existe la Federación Latinoamericana de Psicoterapia, y en Venezuela específicamente está la Asociación Venezolana de Psicoterapia.

Otra forma de acreditación de un psicoterapeuta es aquella proporcionada por su escuela de formación. Este es el equivalente al titulo académico de la universidad de cualquier profesión, solo que el reconocimiento en este caso viene no de la academia sino del grupo de sus representantes, que establecen unos estándares que debe cumplir una persona para ser reconocida como un exponente de la clase. Es el caso de la Escuela Venezolana de Psicología Profunda en Venezuela, o los diferentes institutos de formación analítica de cada país. En el caso de Venezuela, y por nombrar solo algunos, está el Instituto Venezolano de Psicología Analítica (IVPA), la Sociedad Venezolana de Analistas Junguianos (SVAJ), La Asociacion Venezolana de Psicoanalisis (ASOVEP) y la Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Todo psicoterapeuta con el entrenamiento mínimo puede o no tener una licenciatura en psicología o un pregrado en medicina pero sí tendrá de seguro alguna de estas acreditaciones.

David Alfonzo

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